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6TOROS6 : TOROS SÍ, TOREROS NO

TOROS SÍ, TOREROS NO


6Toros6
TOROS SÍ, TOREROS NO
osé María de Cossío denominó con acierto mayúsculo Los Toros a su monumental enciclopedia. Más breve, más claro y más directo, imposible. Aunque la realidad es que nadie conoce a sus libros por ese título, sino que siempre decimos el Cossío, por mucho que de los doce tomos publicados, de Cossío sólo sean realmente los cuatro primeros. Se trata de un claro y afortunado ejemplo de metonimia, como hay otros muchos en la literatura y en la vida diaria: “Me gusta Cervantes”, decimos, cuando en realidad lo que “me gusta” es la obra de Cervantes... Y muchos más ejemplos que no vienen al caso. Don José María tituló Los Toros, pero muy bien podría haber llamado a su enciclopedia La Tauromaquia o El Toreo, porque de todo ello se ocupa su magna obra, nombres quizá desechados porque son muy comunes y, además, el último es el que luce el Gran Diccionario Tauromáquico de José Sánchez de Neira. Cossío eligió con gran tino Los Toros, supongo que pensando más en la totalidad del espectáculo taurino que en el animal que, junto al hombre, le da sentido a esta fiesta inigualable. Todos decimos “hoy voy a los toros”, “hay toros en Madrid o en Sevilla”, “me gustan los toros”, “soy aficionado a los toros”… por brevedad y economía lingüística, y seguramente también porque decir “me gusta” o “soy aficionado a la tauromaquia” resulta pedante y poco natural. Si alguien nos dice muy serio que es “aficionado a la tauromaquia”, inmediatamente desconfiamos y pensamos que quizá a la tauromaquia sí, pero es probable que a “los toros” lo sea un poco menos. Siempre he pensado que, por mucho que nos “gusten los toros”, en realidad al aficionado verdadero lo que le gusta es el conjunto del espectáculo: toros y toreros, unos en sus distintas edades y los otros en sus diferentes modalidades profesionales. También he pensado siempre que nadie va a la plaza a ver sólo el cincuenta por ciento del espectáculo (al toro o al torero), por la sencilla razón de que, dentro del ruedo, el uno sin el otro no son nada. El toreo de salón es muy bonito, pero toreros de salón somos la mayoría. Hasta aquí Jtodo parece más o menos claro… Y sin embargo, en la pasada Feria de Otoño se ratificó de manera absoluta algo que vengo observando desde hace mucho tiempo en la plaza de Madrid: a Las Ventas acuden espectadores a los que sólo les gusta el toro (pero no todos los toros), de manera que el torero no les interesa lo más mínimo; en realidad, para ellos, el torero (matador, novillero y picador) es un estorbo, un mal innecesario que debería ser suprimido de este espectáculo. Sólo así se comprende su animadversión a la inmensa mayoría de los componentes de los tres escalafones, y no sólo a los matadores que son figura, sino también a muchos novilleros y a casi todos los picadores. Se salvan, no alcanzo a comprender el motivo, la mayoría de los banderilleros, sobre todo aquellos que banderillean muy bien. Pero claro, gustándoles de manera casi exclusiva los toros (como animal), tampoco les gustan todos los toros, sino sólo los de determinados encastes y pelajes; es decir, que les gusta más o menos el veinticinco por ciento de ese espectáculo llamado Toros, Tauromaquia y Toreo. El sábado 28 de septiembre, día en que se conmemoraba el centenario de la alternativa en la Maestranza de Chicuelo (y también de Juan Luis de la Rosa en la Monumental, a quien no por menos importante en la historia del toreo hay que olvidar), en Las Ventas se lidió una corrida noble pero descastada de Puerto de San Lorenzo. Una corrida más, como otras muchas, seguramente parecida a aquellas que hacía exactamente cien años se lidiaron en Sevilla. En Madrid, ante el pobre juego de los toros, alguien se convirtió en juez sumarísimo y gritó desde el tendido “que no vuelvan más”… precisamente a los toros de una ganadería con una trayectoria tan fecunda en Las Ventas, con tantos animales extraordinarios y diez puertas grandes a sus lomos. Recordemos de manera breve qué escribió Corrochano hace cien años de las corridas de Sevilla: “De los toros de Santa Coloma sólo me gustaron los lidiados en segundo y tercer lugar, si bien los encontré faltos de nervio y de brío. Los dos toros de Guadalest que vi en la plaza Monumental no me gustaron”. ¿Se imaginan cómo se hubiera escrito la historia del toreo si después de no salir buenas las corridas del Marqués de Guadalest y de Santa Coloma lidiadas en Sevilla hace cien años, alguien hubiese pedido que no volvieran más a esa ciudad y las empresas le hubieran hecho caso? Sí, ya sé que lo digo es una exageración, exactamente igual de grande que pedir que los “lisardos” salmantinos no vuelvan a Las Ventas por lidiar una corrida sobrada de nobleza pero carente de raza. Por cierto, ¿no representa esta ganadería a uno de esos encastes minoritarios que defienden quienes levantaron la voz el sábado 28 en Madrid? Y qué decir del toro “Portugués”, de Núñez del Cuvillo, maltratado desde que salió por los chiqueros y sentenciado desde que pasó por el caballo. ¿Se imaginan las maravillosas embestidas y la gran faena de Miguel Ángel Perera que nos hubiéramos perdido si el presidente hubiera hecho caso a las mínimas protestas y hubiese devuelto el toro a los corrales? Por fortuna mantuvo en el ruedo a un animal que sólo tenía dos problemas graves (los otros problemas eran menores, como él mismo con su bravura, alegría y entrega acabó demostrando): era de Cuvillo y le había tocado a Perera. No había más problemas reales… sólo los mismos que se repiten todas las tardes en la plaza de Madrid. Visto el juego de “Portugués” se me ocurre una pregunta: ¿cuántos toros tan bravos, enrazados y nobles como ese “cuvillo” saltaron a la arena de Las Ventas en las corridas de los diferentes desafíos que durante el verano se han celebrado en Madrid? Un reducido grupo de espectadores ruidosos practica en esta plaza, y luego sus opiniones son seguidas y ellos jaleados en las redes sociales, una nefasta discriminación hacia muchas ganaderías y hacia casi todos los toreros. Extraña historia del toreo la que ellos pretenden escribir, basada en ciertos toros y a ser posible sin toreros. Lo pienso así y la verdad es que no les veo gran diferencia con los planteamientos animalistas que gritan “toros sí, toreros no”.
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