6Toros6 | SUENA EL CLARÍN
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6TOROS6 : SUENA EL CLARÍN

SUENA EL CLARÍN


6Toros6
SUENA EL CLARÍN
Nada más entrar en el mes de marzo, la temporada se acelera en sentido exponencial, y todo lo que estaba por llegar, llega de golpe. Si exagerásemos un poco, podríamos afirmar que llega de un día para otro, casi sin hacerse notar. Pasamos del invierno al verano sin cruzar por la primavera, y ya saben ustedes que obviamente no me estoy refiriendo al tiempo climático. Pasamos de la nada al todo, como si hubiera una compuerta que, al abrirse, dejara pasar una catarata de acontecimientos taurinos de todo tipo. Está claro que no nos sorprenden, porque llevamos meses esperándolos –en concreto, desde octubre, más o menos, y además el ciclo se repite exactamente igual todos los años–, pero la ausencia de sorpresa no impide que nos digamos con cierto sobresalto algo así como “ya estamos otra vez en marcha”. Las ferias de Ajalvir y Valdemorillo, junto al siempre agradable aperitivo de la Corrida de Invierno celebrada estas dos últimas temporadas en el Palacio de Vistalegre y los festejos del 28 de febrero, Día de Andalucía, forman parte todavía del “invierno”. Están ahí, y bienvenidas sean, pero no son determinantes. En este sentido, dudo mucho (y lo siento sinceramente) que los éxitos de El Cid y Paulita en Valdemorillo vayan a tener repercusión, o no al menos de la manera que lo tuvieron los triunfos de otros toreros hace unas temporadas en ese mismo escenario. En el invierno se calientan motores, lo mismo que en la temporada americana. Cuando comencé a trabajar de periodista en Radiocadena Española hace ya treinta y cinco años, recuerdo que los triunfos en Valdemorillo tenían repercusión casi inmediata en los primeros carteles de la temporada en Las Ventas, y lo mismo sucedía con los éxitos de los toreros españoles en América. Les entrevistábamos cuando regresaban a España o mientras todavía estaban allí, y si para las figuras esos triunfos formaban parte de su rutina –de su maravillosa rutina, habría que decir–, los toreros que todavía no eran figuras y aspiraban a serlo siempre venían a decir que estaban convencidos de que esos triunfos de allí iban a abrirles las puertas de algunas ferias de aquí. Ahora ya no lo dicen, y si lo dicen saben perfectamente que no es verdad. Lo que sucede en América, en esas plazas desbordadas de tradiciones y de maravillosas virtudes, allí se queda. Es probable que la expansión de las comunicaciones personales haya roto el misterio, y lo que entonces te contaban como un hito sensacional, ahora lo vemos en directo o resumido en Internet a los diez minutos de suceder, de manera que el halo épico que se creaba en torno a algunas faenas y toreros, ahora ya no existe. Está claro que también pasa en España, pero en este momento estamos hablando de América. Muchos vimos por televisión las faenas de Enrique Ponce, Morante de la Puebla y El Juli, entre otros, en las corridas del Aniversario de la Plaza México, y las disfrutamos una barbaridad, pero ¿se imaginan qué ecos hubieran llegado hasta España de esas actuaciones si no hubiéramos podido verlas completas y en directo? No quiero que se piense que me quejo de las transmisiones –entre otras cosas, porque siempre está a nuestro alcance la posibilidad (absurda) de apagar la televisión y no verlas–, porque no es verdad. Y no me quejo por la sencilla razón de que soy el primero en disfrutarlas; simplemente dejo constancia de un hecho, al tiempo que estoy recordando en voz alta las resonancias que llegaban a las revistas españolas –en concreto a El Ruedo, publicación que conozco bastante bien– de, pongamos por caso, los monumentales triunfos de Manolete, o de los maravillosos de Paco Camino, o de los extraordinarios de Niño de la Capea. Están bien las cosas como están, pero que esas ramas no nos impidan ver el bosque de que la leyenda de los toreros y de las faenas es inversamente proporcional a la difusión que unos y otras tienen en las (pocas) televisiones que dan toros y en las (muchas) redes sociales que las difunden. Decía que Valdemorillo y todos los festejos que se dan en torno a esas mismas fechas forman parte del “invierno taurino”, mientras que la temporada grande comienza en Olivenza. Sale el primer novillo en la bonita localidad oliventina, y parece que se abre la compuerta, y los acontecimientos se suceden a un ritmo vertiginoso: cinco festejos seguidos en Olivenza, numerosos actos, galas importantes y varias exposiciones, se presentan los carteles de San Isidro (y de mucho más que San Isidro) y de algo más de la mitad de la temporada de Lisboa, el Ministro de Cultura informa de la bajada del IVA para los toros y en Quito la Fiesta gana (o no pierde) una batalla crucial… y unos días después comienzan las Fallas de Valencia y la Feria del Milagro de Illescas. Todo junto dentro de la misma semana, barruntando los organizadores que la temporada está comenzando de verdad y que, por tanto, es el momento de hacerse notar. Ha sonado el clarín, y “ya estamos otra vez en marcha”. Respecto a los actos, la semana pasada hubo un aluvión de actividades: las magníficas galas del Foro de la Juventud Taurina, de Plaza 1 (de Las Ventas) y del diario ABC, y también la entrega de los recuperados premios Commodore, entre otros. Y todos ellos con lujo, categoría e imaginación. De alguna manera, hace unos años abrieron el camino Morante y El Juli cuando presentaron en sendas magníficas galas sus respectivas temporadas, y aunque ni esos toreros ni tampoco otros han seguido haciéndolo, parece que al toreo ha llegado una alta dosis de glamur. En cualquier caso, no debe incluirse en este despertar a la modernidad a la Gala del Foro de la Juventud Taurina, que ya lleva nueve, a cada cual mejor. Pronto finalizarán las fiestas en los salones y quedarán solos, en el centro del ruedo, el hombre y la bestia, dando argumentos para demostrar la completa y absoluta vigencia de la fiesta de los toros. Comienza un nuevo año taurino, y las ilusiones se renuevan: esperamos disfrutar con las figuras y con los veteranos, y deseamos sorprendernos con los jóvenes; soñamos con saltar de alegría con la bravura de los toros y con las grandes faenas que todo tipo de toreros puedan hacerles; esperamos que la imaginación llegue a todos los empresarios en la confección de los carteles, y de la mano de ésta, la justicia para atender a aquellos toreros que se lo ganen en el ruedo y se lo merezcan; soñamos con que la ola antitaurina remita, aunque somos conscientes de que no va a ser así; deseamos que salgan nuevas figuras y que se consoliden los diestros emergentes para que el público que va a las plazas se mantenga y que el que se ha ido de ellas, regrese. Deseamos que los toreros triunfen muchas veces, que no haya percances de consideración y que los toros embistan con bravura y fuerza. Y como aficionados, deseamos que José Tomás también toree este año. Y si son diez corridas, mejor que si