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6TOROS6 : MARKETING Y PROMOCIÓN

MARKETING Y PROMOCIÓN


6Toros6
MARKETING Y PROMOCIÓN
s un lugar común entre los aficionados, los taurinos y los profesionales del periodismo, considerar que el toreo “está mal vendido”. O lo que es lo mismo: que necesita de acontecimientos que le saquen de la normalidad y rompan la rutina, esa clase de festejos “especiales” (o de toreros “distintos”) que por sí solos lleven público a las plazas. Todo es cierto. Y en la comparación con otros espectáculos que siempre se ponen de ejemplo, la fiesta de los toros sale perdiendo de manera tan invariable como clamorosa. Hablando de fútbol, cada semana se juega un gran derbi (madrileño, valenciano o aragonés, lo mismo da), un clásico a vida o muerte, o un partido histórico, uno de esos como no ha habido nunca antes… todo mientras dura el domingo, porque cuando llega el lunes, los aficionados ya están pensando en otra cosa, pendientes del próximo partido histórico, del siguiente clásico o del inminente derbi. Se queja el aficionado a los toros de que esto no sucede en la Fiesta, y si es cierto que no ocurre de la misma manera que en los deportes, la realidad es que de una forma más modesta (pero no por eso menos interesante) el toreo siempre ha vivido de acontecimientos, de eslóganes y de frases repetidas. Unas veces han sido nombres que el aficionado ha puesto a los toreros para engrandecerles y como un signo de distinción: el Pasmo, el Monstruo, el Pelos, el Genio, el Centauro de la Puebla… e incluso la muleta de Castilla; mientras que otras veces son corridas con “nombre de marca”: la Beneficencia, la Prensa, el Domingo de Resurrección, la antigua de la Cruz Roja… Y también los acontecimientos especiales, de los que hablaré más abajo. Cuando hace ya muchos años José Tomás impidió (¿o dejó de autorizar?, que no sé si es lo mismo) que se televisaran sus actuaciones, se habló hasta la saciedad de su voluntad de torear para crear eventos únicos e irrepetibles. Y desde entonces cada una de sus tardes lo ha sido, de manera que si el aficionado quería verle –lo poco que ha toreado desde entonces– tenía que estar Een la plaza, por mucho que luego de manera inmediata siempre circulen grabaciones clandestinas de sus tardes, colgadas en internet o incluso retransmitidas en directo por el móvil. José Tomás entendió que esa era y es la mejor manera de protegerse de la sobreexposición televisiva. El toreo está “mal vendido”, nos dicen. Y añaden: falta marketing (del bueno, se entiende, no del nefasto del que hablábamos la semana pasada), y sin duda tienen razón. Tan necesaria como una mayor promoción, lo es sacar a la Fiesta del gueto informativo y social en que se encuentra, porque aficionados no faltan, lo que a veces no sobran son ganas o motivos imperiosos para ir siempre a las plazas de toros. Como nunca he organizado una feria taurina, desconozco (aunque soy capaz de imaginarlo) lo difícil que debe ser confeccionar una adecuada programación, con alicientes y novedades, aunque la realidad es que durante muchísimos años Simón Casas nos mostró en Nîmes que era posible inventar otro tipo de carteles. Corridas acontecimiento, con alternativas, reapariciones, manos a mano, actuaciones en solitario y hasta despedidas. Pero estoy seguro de que el ejemplo de esa plaza francesa, por su idiosincrasia y apoyo institucional, no es extrapolable a la inmensa mayoría de las plazas del llamado planeta de los toros. Falta promoción y modernidad, nos dicen, y por eso en cada nueva concesión de una plaza de toros, las empresas concursantes apuestan en sus pliegos por fusionar la publicidad tradicional con los métodos novedosos: propaganda en el metro o en el autobús; grandes carteles en edificios o en las farolas; bolsas de papel con los carteles de la feria para llevar el pan o incluso anuncios en televisión… y muchas más propuestas que aportan ese aire diferencial que tanta falta le hace a la Fiesta. Y aun así, siguen diciendo con razón que faltan grandes acontecimientos que metan público en las plazas. Pero la realidad, que es tozuda, nos demuestra dos cosas básicas: la primera es que siempre ha habido voluntad de crear ese tipo de festejo/acontecimiento; la segunda es que en la inmensa mayoría de los casos, cuando se ha dado con la tecla correcta, estas corridas han funcionado muy bien. Lo importante es el deseo de aportar novedades, de crear corridas temáticas en las que, por muy diversos motivos, la expectación se vea desbordada. Un ejemplo de esto que estamos hablando sucedió hace treinta años en la plaza de Madrid con la llamada “corrida del terror”, en la que no me extiendo ahora en explicaciones porque el lector las puede encontrar con todo lujo de detalles unas páginas más adelante. Aquello funcionó de maravilla, como también funcionaron otros grandes intentos históricos: las novilladas de “La oportunidad” de Vista Alegre, el cartel de los “Cuatro Jinetes del Apoteosis”, las corridas de banderilleros y de mediáticos, las “Goyescas” de Ronda, la de Asprona o, en su momento, la “Corrida de Primavera” de Brihuega… En cambio, otras ideas no menos importantes funcionaron peor: recordemos, entre otros valiosos intentos, la “Feria del Aniversario”, los “Desafíos ganaderos”, la “Corrida de la Cultura”, “The Maestros”, el ciclo de “Encastes minoritarios”, las novilladas de las “Ocho naciones”, la “Goyesca” del 2 de mayo en Madrid y, además de otras muchas que ahora no recuerdo, las novilladas “nocturnas” del verano en muy diferentes plazas. Todos los nombrados son intentos de poner en marcha acontecimientos taurinos con “denominación de origen” que participan de los más puros preceptos del marketing, inventados con la intención de crear eventos y de despertar expectación entre los aficionados. No cabe ninguna duda de que la Fiesta necesita más promoción y expansión, al tiempo que, sin dar la espalda a la tradición (hacerlo sería desvirtuarse y perder su esencia), debe modernizar sus estructuras y métodos de publicitarse; pero tan cierto como esto lo es que el toreo siempre ha buscado llamar la atención de los públicos, unas veces acertando mucho y otras un poco menos. Hoy hace treinta años que una ganadería entonces casi desconocida y tres toreros modestísimos casi llenaron la plaza de Las Ventas. ¿Fueron ellos o fue la inteligente promoción que se hizo de esa corrida?
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