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6TOROS6 : LA CASA DE JOSÉ

LA CASA DE JOSÉ


6Toros6
LA CASA DE JOSÉ
a tarde del 16 de mayo de 1920 es un tema recurrente y obsesivo en la conversación de José. Nunca pensó torear en Talavera, y sin embargo fue a Talavera a encontrarse con la muerte. El destino, doctor, va marcando un camino que de nada sirve intentar esquivar. Otro José, más cercano a ustedes, también se cruzó con una plaza a la que no debería haber ido, pero a la que inevitablemente fue. José me ha contado que con la muerte de su madre se le quebró una escala de valores que hasta ese momento habían girado sobre su figura, y que ya huérfano entró en un proceso de melancolía. ¿Sabe usted, doctor, que la melancolía era en el Renacimiento una enfermedad mucho más física que mental? Su melancolía al itálico modo fue poco a poco socavándole su propia voluntad… de acuerdo doctor, intentaré no divagar, pero a veces no puedo evitar hablar como la profesora de Literatura que soy. Intentaré no volver a desviarme del tema e intente usted, por favor, no volver a sonreír… Claro que puedo describirle la casa. Lo que más sorprende, pese a tener siempre las contraventanas cerradas, es su luminosidad interior. La casa tiene como una luz propia, que sería muy fácil describir como mágica y extraña. Una luz... no, espectral no, doctor, no sea usted tan falsamente literario. Ni la casa ni su luz ni tampoco José tienen nada de espectrales. En la casa y en José todo es luminoso y bello. Muy humano. Es una luz… ¿cómo diría?… que ilumina totalmente a pesar de la plena oscuridad de la vivienda. La casa está perfectamente ordenada, pero con un orden que se adivina lejano. Un orden de otro tiempo. Antiguo, si así queremos decirlo. Es una casa grande, un piso de personas acomodadas. Del conjunto sobresalen las tres estancias que en su momento estuvieron inevitablemente más ligadas al José de los vivos y también al José de los muertos: su despacho, su dormitorio y el comedor donde fue velado su cadáver. En los dos primeros encontré aquellas cosas tan valiosas con las que tanto tiempo había soñado. En un buró situado a la derecha de su escritorio están, doctor, los borradores de las cartas que envió a sus amigos. Y junto a las cartas, las fotos. Docenas de fotos y recortes de Lprensa que le sirvieron al José vivo para recordar sus más grandes faenas; y al lado, millones de partículas de polvo amarillo de otras tantas fotos y crónicas destruidas en su momento porque los recuerdos que traían no eran tan buenos. ¿Sabe usted, doctor, que ahora, con tanta distancia de por medio, las faenas que han quedado en la transparente memoria de José son aquellas que no alcanzaron la perfección? ¿Sabe usted, doctor, que José habla del toro “Platero” con el mismo dolor que si tuviera una espina clavada en el corazón? En el armario de su habitación, dentro de un cajón sellado por los años y el olvido, hay también un traje de torear rojo al que José llama grana, y que tiene, sobre el fondo de su negrísimo bordado en oro, las manchas parduzcas de la tragedia. Es el vestido, desde luego, que llevaba puesto en la corrida de Talavera. ¿Sabía usted, doctor, que desde que murió la señora Gabriela, su madre, José salía siempre a torear con un pañuelo negro de luto que ocultaba entre los tirantes y el fajín? El 15 de mayo de 1920 José salió de la plaza de Madrid envuelto en una nube de almohadillas y malos humores... ¿y sabía usted que ese día perdió en la plaza el pañuelo negro de su madre? ¿Sabía que el día 16 de mayo de 1920, cuando por la mañana preparaba sus objetos más personales para salir hacia Talavera, no pudo llevar el pañuelo negro con el que durante tanto tiempo se había sentido protegido? ¿No le parece fantástico? Y ahora, doctor, perdóneme, pero tengo una cita a la que no quisiera faltar. Una cita en la que se me ha prometido una historia fabulosa acerca del vestido grana y oro que José decidió ponerse en Talavera de la Reina el 16 de mayo de 1920… en que la paciente ha salido de su aislamiento y ha decidido contarnos lo que fluye imparable por su cabeza. En su enfermedad hay un punto de misterio que todavía no alcanzo a comprender. Ante la posibilidad de que todo nazca de una visita real y obsesiva a la casa de la que habla, decidí acercarme al piso. La casa, extrañamente, casi cien años después sigue estando alquilada por un despacho de abogados para alguien desconocido que la mantiene cerrada. El portero del edificio me la mostró con bastantes reparos, aunque mi condición de médico, además del hecho de que la casa permanezca deshabitada, le convenció de la importancia de la visita. El portero asegura que absolutamente nadie ha visitado la casa en los últimos años. Asegura, también, no conocer a la paciente ni haber prestado la llave a nadie. La puerta no tenía muestras de haber sido forzada, y el rastro que nuestras pisadas iban dejando en el polvo acumulado durante tantos años indicaba que nadie, antes que nosotros, había pasado por allí. Y aquí es donde comienzan mis verdaderas dudas. Podrás imaginar mi sorpresa al descubrir que la casa que visité es exactamente la misma que la paciente describe con tanto detalle. La amplia entrada es la misma, igual que lo son el salón y el despacho que en su día utilizó el torero. Allí están los muebles que la paciente describe, pero no están ocupados por cartas y fotografías, sino por cientos de pétalos de rosas rojas secas desde hace mucho tiempo. En el armario de la habitación no está el traje rojo que utilizó el torero en Talavera de la Reina, pero sí hay, de nuevo, un gran ramo de rosas rojas marchitas. En un cajón está, y el portero no se explica cómo nadie ha reparado nunca antes en él, el pañuelo negro que la paciente describe en su conversación. El pañuelo tiene, además de signos evidentes de apolillamiento, grabadas las iniciales G.O. Seguirás, desde luego, recibiendo puntualmente todas las noticias que, bien a través de las revelaciones de la paciente, bien a partir de mis propias investigaciones, vaya obteniendo sobre la enigmática casa de la calle Arrieta, 14. Y no te preocupes, que no me obsesiona la casa ni tampoco he comenzado a ver fantasmas, aunque estoy seguro de que José y la casa de José guardan un misterio que debo descubir.
1E Ejemplar
2,99€
1M 1 Mes
10,99€
3M 3 Meses
27,99€
6M 6 Meses
49,99€
1A 1 Año
89,99€