Aplausos | FUEGO Y PASIÓN
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APLAUSOS : FUEGO Y PASIÓN

FUEGO Y PASIÓN


Aplausos
FUEGO Y PASIÓN
El suceso de la tarde y de la feria fue el indulto de Pasmoso, el toro colorado que cerraba la feria. Fue como una victoria en el descuento. Respiremos. Ahora mismo, no es novedad, los más sesudos analistas de la Tauromaquia andan devanando los sesos para decidir si fue indulto justo o injusto. Yo, como amante del toreo, lo tengo claro. Entre la vida y la muerte me quedo con la vida. Entre la mojigatería estrecha y la ilusión me quedo con la ilusión. Entre la mayoría hambrienta de felicidad y la inquisición, felicidad. La misma que mostraba una marea de aficionados que abandonaba la plaza con la satisfacción de haber visto algo grande. ¿Les voy yo a quitar la ilusión a cambio de un dudoso diploma de buen aficionado?... Después de tantas tardes de tedio y frustración, tocaba, se merecían, nos merecíamos, una tarde así. Ese es el argumento definitivo para que en la plaza y en la tranquilidad de la redacción piense que Pasmoso, de Domingo Hernández, insisto, no tengo empacho en reconocerlo, fue indultado justamente. Sucedió entre el clamor general. Y no vale que digan que los aficionados son tontos o necios, fueron los mismos que se cogieron la cabeza asombrados cuando el presidente ordenó una inaudita vuelta al ruedo para el cuarto. Y si tenían razón en ese, no cabe pensar que hubiesen perdido el juicio media hora más tarde. Pasmoso fue un gran toro: pronto, alegre, con movilidad, de larga duración y con mucha toreabilidad que es lo que se pide hoy día. Que los hemos visto mejores, de bravura más honda, arrastrados sin honores, seguro. Que ahora mismo rebobinamos el vídeo y le encontramos defectos, también. No recuerdo un indulto sin quejas ni peros. El toro perfecto no existe. A Pasmoso seguramente le faltó algo de humillación o haber hecho pelea más emotiva en varas, seguramente fue así, pero tuvo muchas virtudes, muchísimas, entre otras generar un ambiente pasional tremendo, ganarle el corazón a la gente, aparecer en el momento en que más se necesitan esas sensaciones de euforia y generosidad. Si nos ponemos rancios palmamos. La Fiesta necesita más que nunca de grandes acontecimientos, de sucesos, de ceremonias de grandeza y la de ayer lo fue. Los protagonistas fueron Pasmoso y López Simón, que le dio la cara y le facilitó la gloria. El cierre de feria fue bestial. Una de esas tardes en las que abandonas la plaza felizmente cansado. Después de tantas tardes vacías se agradece. Pasó de todo. Se toreó especialmente bien, ese Juli estuvo tremendo, mezcló ciencia y orgullo, hasta hacer parecer al toro cuarto mucho más de lo que fue, eso sin olvidar el arranque de faena al primero, aquellos doblones rodilla en tierra avisando de quién era el amo en el ruedo; Talavante, por su parte, anunció que este año viene a reafirmar todo lo que logró el pasado y aunque no le acompañó el lote su arranque de faena en los medios al segundo, con la zurda, la pierna flexionada, tan torero y tan distinguido, fue de lo que no se ve ni se olvida. Simón mantuvo el tipo entre semejantes tiburones y la bravura contagiosa de su segundo y se fue triunfador por la puerta grande a la espera, supongo, de que vengan a ponerle peros. De la corrida hay que decir que en general embistió lo que no habían embestido las últimas, así que supo a gloria. Hubo bronca en el tendido, cosas, entiendo, de las sobremesas largas; hubo, un día más, polémica en el palco con la vuelta al cuarto que nadie entendió y de la que seguramente el presidente a estas alturas esté arrepentido… Hubo gente, mucha gente, y claro todo ello generó pasión, condición indispensable para que el toreo interese. Los que estuvieron ayer vuelven. La fiesta gana. La polémica no molesta. Y un dato, tras el indulto de Gitanito de Torrestrella en 1993, de Harinero de Fuente Ymbro en 2006, ahora Pasmoso de Domingo Hernández. Son hitos para no olvidar, historias de pasión y gloria. Toreo. POSDATA.- Los últimos acabaron siendo los primeros. Frase bíblica que en Fallas se hizo realidad y que en este caso ha puesto del revés el orden periodístico previsto para esta columna. Así que improviso en horas de cierre y arranco La Pincelada con la crónica que acabo de mandar a Las Provincias. La Pincelada propiamente dicha la encontrarán en la página 25.