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CRÍTICA Y AUTODESTRUCCIÓN (I)

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CRÍTICA Y AUTODESTRUCCIÓN (I)

o sé si otros años habrá sido igual –me refiero a la extensión–, pero el sábado pasado la Gala de entrega de los Premios Goya a las películas y personas más destacadas del cine español en 2019, comenzó como mínimo un par de horas antes del inicio de la Fiesta, con un programa en directo emitido por TVE1 –cadena que también transmitió la Gala– en el que diversos periodistas iban entrevistando con desenfado y profesionalidad a los diferentes protagonistas de la noche (directores, actores, actrices… en sus distintas categorías profesionales), en un previo que mezclaba el cine con la moda, y los logros con los proyectos, como siempre sucede en este tipo de actos. Entre las muchas entrevistas que el sábado se hicieron, me llamó la atención la primera de las varias que tuvieron como protagonistas a Silvia Abril y Andreu Buenafuente, conductores por segundo año de la Gala. Preguntado Buenafuente de manera pertinente por unas declaraciones suyas anteriores en las que afirmó en una rueda de prensa celebrada en la Academia del Cine que pretendía que fuese “un show de entretenimiento visual, breve y dinámico” en el que no iban a ser “especialmente sarcásticos” con el mundo del cine, el humorista respondió: “Desde que empecé a trabajar para los Goya, siempre he insistido que todo es compatible: una mirada autoparódica… [aquí falló la conexión]. Creo que es la profesión con más paro, el 70 u 80%. Hay que reírse, pero no destruirnos, porque al fin y al cabo esto es global, y hay que sacar la cabeza en el mundo global”. Me parece admirable la actitud de sana defensa de su sector profesional que hizo Buenafuente (que es la misma que emplean, entre otros muchos, los periodistas deportivos), con su reivindicación de la autoparodia –que es lo mismo que la crítica elegante– y su rechazo a la autodestrucción. NTambién me parece admirable que pusiera el foco de atención en el paro que afecta a un sector que está, como mínimo, tan castigado como el de los toreros. Creo que no hay datos oficiales sobre el paro entre los que se visten de luces, pero ¿acaso no son parados reales los matadores, rejoneadores y novilleros que cada año torean dos, uno o ningún festejo? Si sus paseíllos se midieran por la capacidad que tienen de ganarse la vida y de vivir de su profesión, ¿no debemos considerar como parados al menos a las tres cuartas partes de los toreros que figuran –y no digamos ya a los que ni siquiera aparecen– en los diferentes escalafones? Pero aun siendo importante esta parte de la declaración de Buenafuente antes de la Gala de los Goya, todavía me lo parece mucho más la que hablaba, en sus palabras, de “no destruirnos”. Y es sustancial porque esto es de lo que en líneas generales ha carecido históricamente la fiesta de los toros. Es una certeza que el aficionado a los toros y el periodista taurino tienen un lógico y elevado sentido de la crítica –así debe ser, porque en eso consiste su afición y su profesión, respectivamente–, aunque no tengo tan claro que todos los aficionados y todos los críticos también posean y apliquen esa idea no autodestructiva del sector que reclamaba Buenafuente para el cinematográfico en la Gala de los Goya. Dando por hecho que en una sociedad democrática como la española son imprescindibles las libertades de opinión y de expresión, el siguiente paso consiste en entender cabalmente las palabras expresadas por el humorista catalán. Comprender que es muy fina la línea que separa la crítica de la autodestrucción, y que sin renunciar a la primera sería importante no caer en la segunda. Y no sólo lo digo yo, sino que también lo dijo –hablando de otro sector, pero esto es lo de menos– Andreu Buenafuente. Intentando ser comprensivos, podríamos pensar que con el paso de los años –de los siglos, en realidad– ha variado mucho el concepto de lo que significa ser aficionado a los toros. Y aquí, los nuevos medios audiovisuales –públicos y privados– han tenido una importancia capital. Antes, para hablar y opinar de toros era imprescindible ir a la plaza, estar allí donde se producía el hecho –y apreciar su contexto–, algo que ahora sabemos a ciencia cierta no es necesario, pues no son pocos los que opinan en las Redes y en los foros a partir de aquello que ven en YouTube y en televisión. E incluso de lo que ni siquiera llegan a ver. Antes, las cosas pasaban una vez, sin posibilidad de repetición; ahora, los acontecimientos suceden infinidad de veces, y eso no cabe duda de que condiciona a algunos aficionados y, en mi opinión, les lleva a hacer una crítica más ligera y, en el fondo, más autodestructiva. Quienes critican esta revista viendo sólo la portada, quizá cambiarían de opinión, o al menos guardarían silencio, si vieran los contenidos, pero el problema es que nunca los ven. Respecto al conocido pesimismo autodestructivo de una parte del periodismo taurino, oyendo el otro día a Buenafuente me acordé de una encuesta entre críticos que a finales de 1970 publicó la revista El Ruedo. En el texto hablaron los cronistas José Antonio Medrano del diario Arriba, Antonio Díaz-Cañabate de ABC, Rafael Campos de España de RTVE, Vicente Zabala de Nuevo Diario, Julio de Urrutia del diario Madrid, Tilu de la revista Dígame, Alfonso Navalón de Informaciones José Luis Dávila de la Hoja del lunes. Dentro de siete días veremos lo que, entre otras muchas cosas, dijeron los distintos críticos acerca de la campaña de 1970, entonces recién finalizada. y(Continúa la próxima semana). Seguir leyendo

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